Lokarri

Amaia Fano. Periodista

22-10-2006

La opinión de Amaia Fano sobre el acuerdo
Que las sociedades civilizadas logran avanzar mediante la cultura del acuerdo es algo que nadie discute. Sin embargo, existe en nuestro caso cierto riesgo de confundir el mínimo consenso que requiere la búsqueda de una solución definitiva al llamado "conflicto vasco" con una unanimidad pretendidamente conciliadora ("marco de convivencia que respete la pluralidad de la sociedad vasca") que invariablemente exige de alguna de las partes la postergación, cuando no la renuncia, de sus convicciones, ideales o aspiraciones políticas con la carga de frustración que ello acarrea y que, precisamente por ello, no ofrece garantías de que tal solución sea la definitiva.

Lo decía Federico Mayor Zaragoza con ocasión de la apertura del nuevo centro por la paz de Arantzazu, "es un gran error tratar de convertir a los diversos en semejantes". Claro está que toda negociación entraña una cesión y cierta flexibilidad en las posturas iniciales en aras a un acercamiento que facilite un acuerdo de mínimos en cuanto a la metodología a seguir. Sin embargo, el acuerdo final, el verdaderamente resolutorio, será aquel y sólo aquel que, respetando y admitiendo las legítimas discrepancias, permita que sea la sociedad vasca, en primera persona, quien a la postre tenga la última palabra. Esto es, quien dirima qué es lo que quiere y cómo y cuándo lo quiere, de forma soberana.

He ahí el objetivo y la sustancia del acuerdo, lo que a mi modo de ver los partidos políticos vascos deben poder consensuar en una mesa de negociación que necesariamente ha de darse en un marco de total ausencia de violencia para que pueda ser "ese escenario de diálogo incluyente de todos los que representamos a la sociedad vasca", que diría el secretario general del PSE-EE.

"Esa mesa se pondrá en marcha cuando estemos todos de acuerdo en las condiciones, en los condicionantes y en el para qué", decía Patxi López. El "para qué" es pues el dilema. Y el "para qué" no debe ser otro que el de permitir que sea la sociedad vasca la que libre y democráticamente se pronuncie. El que los ciudadanos vascos se manifiesten públicamente acerca de un tema que les concierne de manera trascendental porque condiciona sus vidas es el más sano ejercicio de democracia que pueda haber, siempre y cuando el resultado de la consulta no se quede en papel mojado. Un método tan cercano a eso que Abraham Lincoln definió como "un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo", que poco margen de disimulo deja a los partidos políticos, movidos con frecuencia por sus cálculos más inmediatistas en aras a acceder o a mantener el poder.

En un marco resolutorio, quienes teóricamente representan las distintas sensibilidades que conviven en nuestra sociedad, deberían aclararnos de una vez por todas a los ciudadanos cuáles son sus respectivas propuestas, por divergentes que éstas sean, decirnos qué entienden por conflicto vasco y si están dispuestos, o no, a modificar el actual estado de cosas a fin de que la sociedad vasca, en su conjunto, pueda decidirse por quien mejor exprese y defienda sus verdaderos anhelos. En definitiva, decirnos qué modelo de Estado contemplan y cuáles serían las principales ventajas e inconvenientes de hacer de su aspiración una realidad para que todos sepamos a qué atenernos cuando se nos pida que libremente escojamos entre las distintas alternativas, con el compromiso previo de respetar lo que la mayoría decida.


En una palabra, el consenso básico resultante de esa mesa de negociación tan esperada por todos debe ir abocado a permitir el libre ejercicio del derecho de autodeterminación, tal y como, por otro lado, ya se acordó en su día en el Parlamento Vasco, por cierto con el voto favorable del PSE-EE.


Comentarios

eduardo guillan | | 28.10.2006 20:51
Malas fechas, amigos de Lokarri para abrir las 100 voces por el acuerdo. El primer acuerdo que exige el 90% de los ciudadanos vascos, navarros y de Iparralde, es que ETA entregue las armas y desaparezca. Decía el redentorista que intervino en las conversaciones con el IRA, que el factor determinante fue cuando se dieron cuenta de que el terrorismo no tenía ningún valor ni peso en una solución dialogada. Aquí parece que algunos van a entrar por nuestras calles con los aplausos y las coronas de laurel o mirto de los vencedores. Se está extinguiendo por culpa de muchos,sectores reaccionarios de la judicatura, kale borroka, falta de flexibilidad, y la última el macabro robo de las armas, una oportunidad para la convivencia y el final del terrorismo, de tanto dolor de las víctimas y de los victimarios y de las familias de ambos. Sin pretender equiparar nada, toda tragedia humana, es infinita. Decía Stalin "Un muerto es un asesinato, 900 muertos una estadística". No habrá acuerdo ni negociación alguna sin la voluntad explícita de ETA de dejar todo tipo de coacción y de violencia. Lamento no estar de acuerdo con los eternos e inmutables derechos de autodeterminación, inherentes a concepciones etnico-nacionalistas. Soy republicano y desde el pensamiento democrático pienso que cualquier colectividad, tienen derecho a unirse, federarse, desunirse después de un proceso democrático, con preguntas claras expresas, pactadas entre las distintas sensibilidades que formamos la sociedad de Euskalherria. O sea que todos los proyectos autonomistas, federalistas, independentistas, tengan la posibilidad de ser convertidos en realidad. Derecho de decidir pero siempre con obligación de pacto transversal. Ejemplos Irlanda,que todavía no tiene la autonomía, Quebec, sin ningún muerto ni terrorismo. Para los democrátas apoyar lo que se decida democraticamente en una, dos, mesas, y que sea refrendado por la ciudadanía no es ningún problema insoluble. Pero para que se pueda dialogar sobre el futuro democrático, ETA debe desaparecer.

Envíanos tu comentario