La primera reflexión que se me ocurre es la de si estamos intentando conseguir un ACUERDO con mayúsculas, o bien se trata de conseguir diferentes acuerdos que al final consigan el anhelo mayoritario de paz que tiene este pueblo. A nadie se le escapa que el malamente denominado "problema vasco" tiene muchos retos a superar (pacificación, territorialidad, autodeterminación...). Pienso que es más lógico, y además más viable, el intentar superar estos retos a través de acuerdos parciales que nos lleven finalmente al ACUERDO definitivo.
No me cabe ninguna duda que el primer reto al que habría que hacer frente es al de la pacificación, intentando conseguir un acuerdo que permita desterrar definitivamente la violencia política de nuestro pueblo. Para que este primer acuerdo fuese posible, habría que acordar una primera premisa: aceptar que no habrá ni vencedores ni vencidos, es decir que no se plantee la solución como derrota de unos y victoria de otros. Soy consciente que durante estas décadas de violencia numerosas personas han sufrido mucho y que además, otras personas han sido las que han provocado ese sufrimiento. Pero creo que, en definitiva, todos han sido, hemos sido, víctimas de una situación que tenía que haberse resuelto hace años. Tenemos que ser conscientes de que todos tienen que ceder algo para que se dé una especie de "reconciliación", y aunque sé que costará mucho, olvidarnos de palabras como rendición, revancha, e incluso culpa. Sería muy conveniente fijar nuestra mirada en otros conflictos, donde, a pesar de haberse cometido verdaderas barbaridades, e incluso genocidios, sin embargo, han sabido afrontar con éxito esta "reconciliación": Ruanda, Sudáfrica, ...incluso, aunque con matices, Irlanda del Norte.
Pero si queremos que avance este proceso de pacificación, es fundamental que, en primer lugar, ETA anuncie el abandono definitivo de las armas, asuma que su actividad no tiene ningún sentido, y en definitiva que acepte que sus objetivos de independencia y socialismo hay que reivindicarlos a través de la lucha política, que incluso puede ser radical pero siempre pacífica. Una vez constatado este abandono de la lucha armada, el Gobierno del Estado debería de tomar las medidas necesarias para solucionar la problemática de las personas presas y exiliadas. Si hubiese verdadera voluntad para avanzar en este tema, no creo que debería de existir mayor problema, pues ya existen los precedentes de la considerada como "amnistía de 1977" y posteriormente las medidas adoptadas tras la disolución de los "poli-milis".
Creo que es fundamental el dedicar todos los esfuerzos a conseguir este primer acuerdo, ya que, de lo contrario, no veo posible avanzar en el siguiente paso de lograr un acuerdo para la denominada "normalización política". Sería muy difícil negociar temas como la territorialidad o la autodeterminación, incluso con una declaración de tregua indefinida, teniendo siempre encima la amenaza, en caso de desacuerdo, de una vuelta de la violencia armada. Por ello es indispensable, si queremos avanzar, el conseguir previamente un acuerdo definitivo de pacificación.
Una vez logrado este acuerdo de pacificación habría que abordar el acuerdo sobre la normalización política. Y en este asunto el primero que tendría que mover ficha debería ser el Gobierno del Estado derogando inmediatamente la Ley de Partidos, de tal forma que todas las opciones políticas tuviesen las mismas oportunidades para desarrollar, sin ningún tipo de limitación legal, su propia actividad política. A su vez debería de constituirse la denominada "mesa de partidos", sin exclusión de ninguna formación política, y que debería de ser el marco en el que se debatiesen los aspectos concretos para avanzar en el debate sobre territorialidad y autodeterminación. El ámbito de esta mesa debería de ser Euskalherria, participando las formaciones de los siete herrialdes.
Tal vez alguien piense que, en esta fase, le estoy dando demasiada importancia al papel de las formaciones políticas. En la fase anterior los protagonistas eran ETA y el Gobierno del Estado Español. En esta segunda fase los protagonistas son las formaciones políticas. La pregunta sería ¿Qué papel debería de jugar la sociedad civil en todo este proceso?. Aunque hasta ahora no haya mencionado para nada a la sociedad civil, y en definitiva al conjunto de la ciudadanía que habitamos Euskalherria, pienso que la ciudadanía tiene un papel importante que cumplir. En las fases de pacificación y normalización política, la sociedad civil debería de tomar un papel de presión hacia los diferentes protagonistas de estas fases, haciéndoles recordar constantemente la necesidad de conseguir acuerdos. Posteriormente,y como colofón de todo este proceso, la sociedad civil debería de ser la protagonista principal, de tal forma que pueda expresar libremente su opinión sobre los acuerdos adoptados, o si se da el caso, sobre las diferentes alternativas que puedan presentar estos acuerdos. Pero para ello es necesario que, previamente, todas las formaciones políticas acepten que, finalmente, tiene que ser el conjunto de la ciudadanía la que elija su propio futuro, respetando la opinión mayoritaria de la misma.
Para terminar, y aunque se sale un poco de lo solicitado, me gustaría hacer una última reflexión. A veces me da la impresión de que este tema del acuerdo y del proceso está absorbiendo todas nuestras fuerzas. Y tal vez debería de ser así, pero quisiera no olvidarme que éste no es más que uno de los problemas a los que nos enfrentamos como ciudadanos. Me gustaría que el ACUERDO que se lograse en Euskalherria fuese el primer paso de un objetivo mucho más amplio y global. Personalmente me resultaría indiferente ser ciudadano de una Euskalherria independiente, con capital en Iruña, o de un Estado Español con capital en Madrid, e incluso de una Europa Unida, con capital en Bruselas; si desde los poderes públicos de estas hipotéticas patrias se continuasen promulgando leyes y la ciudadanía aceptando políticas que perpetúen este modelo actual de sociedad injusta, insolidaria y en ocasiones poco democrática. Por eso pienso que tenemos que dedicar todos los esfuerzos a conseguir este ACUERDO, pero sin olvidarnos que el objetivo no es sólo ser finalmente ciudadanos de una patria más o menos anhelada y en paz, sino que sea un primer paso para conseguir una sociedad y un mundo mas justo, solidario y democrático.
Imanol Zubizarreta
Presidente de EHIGE. Confederación de madres y padres del alumnado de la Escuela Pública Vasca