Bakearen benetako esanahia ezagutzea da bakerako bidea urratzen hasteko abiapuntua. Bakea ez da gerrarik ez egotea, besterik gabe. Kontzeptu zabalago bat da. Gizaki guztien giza eskubideak errespetatzen dituzten lurraldeetan bakarrik lortzen da bakea. Bonben eztandarik ez entzun arren, goseak hiltzen ari denari jaramonik egiten ez dioten gizarteetan, ez dago bakerik. Kaleetan zehar tankerik ez egon arren, biztanle batzuek beste batzuk mendekotzat hartzen dituzten gizarteetan, ez dago bakerik. Justiziarik eta berdintasunik gabe, ez dago bakerik.
Bakea aukera bat da eta ardura eta konpromisoarekin du zerikusia. Akordioa elkarrizketan oinarritzen da, batak besteari aurpegira begiratzean, bata bestearen lekuan jartzean. Bakerako oinarria aukera guztien eta erabakitzeko eskubideen errespetuan dago. Eta bakea lortzeko berme bakarra hiritarren partehartzean dago. Guztiz beharrezkoa da, bake prozesuan emakumeen partehartze aktiboa den bezala.
Creo que es importante hacer una reflexión sobre la paz, porque conocer su significado nos acercará a ella. Y la paz no significa únicamente ausencia de guerra. Es un concepto y una práctica más completa. No hay paz si, a pesar de silenciar las bombas, una sociedad permite que alguien se muera de hambre. Tampoco hay paz si hay personas que se sienten dueñas de otras, a pesar de que no existan tanques por las calles. No hay paz sin justicia y sin igualdad.
La paz pertenece a las comunidades y no es algo esencial, es una opción que tiene que ver con la elección, la responsabilidad y el compromiso. Los acuerdos se construyen en el ejercicio del diálogo, de mirarse a la cara, de ponerse en la situación de la otra persona. Las bases sólidas se forjan desde el respeto a todas las opciones y desde el derecho a decidir; de esta manera botamos los barcos de la diversidad y de la libertad.
La única garantía posible a la consecución, al mantenimiento y, por lo tanto, al proceso de paz es la participación ciudadana. En este momento es oxígeno vital.
Las mujeres a lo largo de la historia y en muy diferentes lugares del mundo, desde diferentes razas, edades, religiones y condiciones, han alumbrado con luces de generosidad y cuidados el camino de la vida y la paz en días negros de muerte y desesperación. Han conformado un mapa de paces para el siglo XXI. Su protagonismo sí es esencial.
Las mujeres quieren y deben estar representadas allí donde se toman las decisiones. Deben tener una participación activa en las negociaciones de paz dirigidas a la búsqueda de la solución definitiva al conflicto vasco y dicho proceso, además, debe incorporar sus experiencias, intereses y expectativas, tal y como se desprende de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Mujer, la Paz y la Seguridad, que urge a los estados miembros a incrementar la cantidad de mujeres en todos los niveles de toma de decisiones relativos a la prevención, manejo y resolución de conflictos y llama a la inclusión de perspectivas de género en todas las operaciones de campo.
En nuestro país, miles de mujeres ya hemos traspasado siglas, ideologías, historias, para firmar una declaración conjunta para contribuir al proceso de paz vasco. Y Ahotsak sigue buscando sumar más y más, partiendo desde lo que nos une, explorando pasos hacia delante en la búsqueda de la paz y de la reconciliación. Sigue siendo el único testimonio escrito de acuerdo y estoy convencida de su liderazgo y referencia en este momento en el que nos encontramos.