Foto: Karlos Corbella
La humanidad nunca ha sido educada para la paz, sino para la guerra y el conflicto. El «otro» siempre es potencialmente el enemigo. Llevamos miles y miles de años en esto. Así, en una conferencia escuché una vez una frase que tiene sentido: «El otro existe, soy yo, porque también somos el otro del otro». Estoy de acuerdo.
Por ello, trabajemos desde la palabra, otorgada a todos sin vacilar, siempre que las armas estén lejos de la mesa. Al final, entre todos se habrá de encontrar un pacto de convivencia en el que nada está escrito, donde quepa todo, incluso la independencia, porque el futuro siempre es incierto. Ahora bien, en cualquier caso, a mí no me compete inmiscuirme.
De hecho, el País Vasco tiene una situación que algún día debe resolverse, ya que no está condenado a vivir eternamente en este clima de violencia y desencuentro. Habrá momentos en que parezca que todo retrocede, pero este proceso, también hoy, es irreversible. Y más irreversible será cuanto más lo reclame la sociedad vasca. Todo el mundo sale a la calle, pero es la sociedad vasca quien debe tenerlo claro y decir: «Esto tiene que resolverse». Para poder vivir en paz, para poder decir que no tenéis miedo a un atentado, para dejar de sufrir las consecuencias indirectas porque justo estaba allí al lado donde recibí el fragmento de una bomba.
Ahora bien, no tengo razones concretas para ser optimista porque no estoy dentro. Estoy fuera y a lo mejor estoy confundiendo el optimismo con el deseo real que tengo para que esto se acabe algún día. En definitiva, lo que termine escribiéndose en un papel será el acuerdo, como consecuencia de debates y diálogos, también con el «otro», que también soy «yo».
(Texto escrito antes del atentado del 30 de diciembre en Barajas)