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Juantxu Oscoz (Presidente del Foro Religioso Popular, miembro de C.V.X. y de Elkartzen): La Mesa Pasmada

03-11-2006

La opinión de Juantxu Oscoz sobre el acuerdo
Cuenta la historia el caso de un rey castellano que se quedó pasmado al ver la belleza desnuda de una cortesana, lo cual le llevó a querer – a toda costa – ver y admirar la belleza de su propia esposa. Pero también nos dice la historia que todos intentaron e hicieron lo posible para que no lo lograse. Entre esos todos estaban: su propia esposa, los miembros de la corte, la jerarquía eclesiástica, etc.
Pues bien, como tantas y tantas veces se repite la historia, viene todo esto a cuento de lo que yo pienso que está pasando con la – mal llamada – mesa de partidos, ya que son muchos y poderosos los que están intentando, de múltiples maneras, evitar que se pueda llegar, ni siquiera, a formar para que así no se pueda ver de verdad “ su hermosura “.

Antes de seguir, quiero insistir en por qué digo que no me gusta se le llame “ mesa de partidos “ ya que creo que es y será mucho más que eso ya que considero que lo que de verdad es y debería ser es la “ mesa del pueblo y de los ciudadanos “. Admito que los partidos son ¡deberían ser! los representantes de todos nosotros pero por desgracia estamos cansados de ver que no lo son pues muchas veces sólo representan sus propios intereses que suelen distar mucho de los nuestros.
Yo creo que es hora ya de que esa mesa deje de estar “ pasmada “ y pase a ser una realidad que nos cautive en toda su “ belleza “ y nos llene así de esperanza.

Una mesa que no tiene por qué ser como las anteriores – Alsasua – Ajuria Enea – ni otras – Tiene que ser la mesa que debe ser, que queremos y necesitamos que sea. Una mesa que yo contemplo como “ mesa redonda “ para que empiece siendo, ella misma, un lugar perfecto de encuentro y de visión de todos por todos en el mismo nivel de igualdad, relación y proximidad.

Una mesa en la que no se debe buscar el contentar a los que, se haga lo que se haga, se diga lo que se diga, se llegue a los acuerdos que se llegue, nunca se van a dar por satisfechos. Una mesa en la que se pueda decir que su razón no es la única y que están sacando las cosas de quicio. Una mesa en la que sólo se excluyan aquellos que, ellos mismos, quieran o decidan excluirse.

Una mesa en la que, en coincidencia con Adela Cortina en su “ Ética de mínimos “ sea necesario y preferible limitarse y contentarse con lograr una pequeña porción del total apetecido. En la que se establezcan diálogos democráticos eficaces. En la que los ciudadanos tengan su mayor compromiso y responsabilidad, sabiendo que muchas veces los partidos y hasta el propio Estado no representan de verdad el interés público de todos los ciudadanos.

Una mesa que sea y sirva para unir, para promover el acuerdo, la convivencia, el respeto en búsqueda, con fe y sin descanso, del diálogo y la solución. En la que se practique ese diálogo reconociendo normas y valores que están por encima de cada grupo o partido y que en el fondo se comparten culturas e ideas diferentes pero en un marco de compromiso, compuesto por normas, valores, ideales democráticos. En la que todos acaben igualmente insatisfechos pero con acuerdos mínimos. En la que demostremos qué pasos estamos dispuestos a dar, qué estamos dispuestos o preparados a ceder de lo nuestro y aceptar del otro.

Una mesa en la que esté siempre presente que lo que indica debilidad es precisamente el rechazo al diálogo ya que es fruto del miedo al contraste de opiniones. El diálogo, abierto y comprometido, es y será la herramienta “ útil “ por ser la que nos permite conocer posibilidades, voluntad e interés por los otros. El diálogo nos está dando constantemente pistas para la posible solución.
Una mesa en la que nadie debe ir al diálogo desde ninguna posición política concreta, sino desde una verdadera convicción democrática. Convicción de que el acuerdo es el que nos va y nos irá desvelando posturas y verdades y que si la propuesta de diálogo que llevamos es “ sincera “ es y será la única forma de resolver el conflicto.

Parodiando a Buscarini – El poeta de Ezcaray - :
Nada me importará / porque yo siempre / caminando decidido por esta tierra / con el alma latiendo con fe / y flotando a los vientos mi esperanza / iré diciendo al pueblo no a la guerra / con voz en la que vibre mi alma entera / Es verdad que es duro, pero oídme : ¿Que me importa sufrir, si logro la paz verdadera.

Comentarios

anonimus | Tiene narices que lo diga este tio, que ha sido el elemento más cizañas de toda Vitoria, y que encima se atreva a hablar de conflicto. Como si no hubiera roto nunca un plato. | 30.07.2007 18:27

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