Aún estamos en Diciembre (en esto sí que estamos de acuerdo). Tranquilos que no hablaré de turrón ni locura consumista. Quiero decir que dentro de un mes estaremos en harina electoral. Enero de 2007 nos meterá en la lanzadera que nos llevará -cuatro meses después- a una nueva consulta en las urnas. Sé que algunos tienen ya pensadas esas machaconas ideas llamadas eslóganes. Son frases fetiche para enganchar a la audiencia. Nos pondremos de acuerdo en votar cada uno lo que le parezca. De acuerdo en la necesidad de la crítica. De acuerdo en unas elecciones limpias. Pero, a nada que lo compliquemos, el desacuerdo está servido. ¿Tiene precio la paz? La pregunta generará silencio. Ahora toca hablar de cosas más cercanas. De viviendas asequibles y más parques.
"Nos comprometemos a sacar el conflicto de la calle y llevarlo a una mesa de diálogo". ¿Por qué las palabras en política tienen más fuerza que los hechos? "No repetir los errores", dice Lokarri. Es un buen slogan. Quizá está pensando Lokarri indirectamente en el Acuerdo de Lizarra Garazi. Qué gran desacuerdo cuando éramos menos para el disenso. Pero casi seguro que es inevitable cometer errores muy similares una y otra vez. Quizá algunos aprendan de sus errores. Pero otros actores de este proceso ¿de paz? siguen erre que erre machacando el viejo clavo. El clavo de creer que el acuerdo se alcanza con más violencia. Y parece que no. Ese es el contra acuerdo.
Sangramos aún por la gran herida de la Dictadura. Entre nosotros hay quienes creen aún que no tenemos derecho a la memoria histórica. No saben ver la luz que nos trae el pasado, contemplado en panorámica. Según lo que digas, amigo, te la juegas. De ahí también venimos: de toda la libertad de expresión para los míos, los que piensan como yo, o sino piensan como yo al menos están a mi lado en la manifestación. No es fácil el Acuerdo. Por eso aplaudo a quien se plantee un objetivo tan sublime. Un horizonte, el Acuerdo, que nos compromete al diálogo y a la escucha permanente, al respeto de las ideas, al esfuerzo compartido, al ejercicio cotidiano de los valores de la democracia.
Soy de los que creyó a Arnaldo Otegi y a Joseba Permach cuando unos días antes de lanzar públicamente la propuesta de Anoeta nos contaron a un grupo de periodistas el acuerdo que había alcanzado Batasuna con su militancia. "Cuesta más convencer a los propios que a los extraños", nos dijo entonces Otegi. La apuesta era sincera. Aquello nos trajo esta marea de esperanza que a fuerza de no avanzar empieza a desvanecerse. Pero el problema de todos es ETA. Y la impaciencia. La inercia del desacuerdo infinito. ETA es el problema, no ya de todos. Es el problema de Batasuna también, por supuesto. Son los propios. Qué locura, incluso ETA es un problema para ETA.
Di tu frase y disuélvete, que toda idea provocará una idea de signo contrario. "Largo, duro y difícil". A ver quién es el que se opone a algo tan rotundo. Otro slogan para irte de rositas si las cosas no van bien. Si el Presidente no logra una alianza de civilizaciones en el Estado español, que se olvide de lograrlo a nivel global. Piensa global, actúa local. De qué Alianza del mundo mundial me habla si no puede entenderse aquí con su exsocio el PP, si se arrendra ante el torito de la Ley de Partidos. Además, no creo en los acuerdos por arriba, entre cúpulas. En las hojas de ruta callada. Son más consistentes los acuerdos bien trenzados, bien explicados, con participación de la gente. A veces también hay que saber escuchar el hastío del personal. Pero es verdad que lo ponemos difícil cuando la gente está acostumbrada a que se le diga todo en un anuncio televisivo de veinte segundos. O en un slogan. Incluso yo llevo ya demasiado tiempo diciendo lo que debí decir en una frase. Que hay que debatir en profundidad y escuchar a la ciudadanía en una consulta para ganar la batalla a las palabras huecas y grandiosas de la campaña electoral. Es el Derecho de Decisión. Pero esto suscitará otra batalla. Ah bueno, si sólo pelearan las palabras, ni tan mal.
Ojala que ETA no cambie su slogan. Que mantenga para siempre su "alto al fuego permanente". Y que los demás seamos capaces de escucharnos. Más allá de los 20 segundos que dura un anuncio.