En fin, el acuerdo debe dejar patente la inutilidad y la deslegitimación más rotunda del crimen organizado como la forma más inhumana de procurar objetivos políticos. El acuerdo, en consecuencia, debe poner de manifiesto que no tienen sitio en nuestra sociedad proyectos excluyentes que opten por la imposición de su particular ideología sobre el pluralismo inherente a nuestro pueblo. Así, sólo serán válidos aquellos proyectos políticos que concilien medios y fines democráticos y sirvan para que la paz y la libertad constituyan objetivos irrenunciables de una sociedad que exige, ya mismo, el abandono de las armas y cualquier pretensión de tutelar el presente y el futuro de este país.