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Pedro Casas: El acuerdo, ¿tan difícil?, ¿tan lejano?

22-03-2007

La opinión de Pedro Casas sobre el acuerdo
Resulta curioso comprobar cómo la situación política se tensa más cuando las armas están más calladas y los aspectos más claramente políticos protagonizan la escena, en particular en el llamado conflicto vasco. Alguien me lo hizo ver a cuenta de la tregua de 1998, y se confirma en estos últimos años sin atentados mortales, interrumpidos, por ahora temporalmente, por la bomba de Barajas.
 
Por lo que se ve a los poderes fácticos les resulta más sencillo manejar escenarios de violencia, ya que pueden movilizar con mayor facilidad los resortes inmovilistas que anidan en el seno de la población y de las instituciones.
 
Plantearse un acuerdo es llegar a un punto de encuentro, que normalmente está en un lugar relativamente equidistante de la posición, de fuerza, en que se encuentra cada uno de los interlocutores. De ahí que en los escarceos previos cada cual trate de hacer valer su posición, para intentar moverse lo menos posible hacia la posición del adversario. Seguramente estos movimientos posicionales explican parte de la marejada actual.
 
Y digo parte, porque al parecer alguno de los agentes no parecen dispuestos a moverse ni un milímetro de su posición de partida, amparados en una legislación que, como todas, es fruto de contextos históricos, y por lo mismo, modificable, y en unas amenazas latentes de ciertas instituciones del estado, que determinados y esporádicos lapsus hacen aflorar.
 
Si el refrán dice que "dos no riñen si uno no quiere", aquí podríamos decir que "dos no acuerdan si uno no quiere", lo que aboca a la guerra o la prolongación del conflicto.
 
El tan traído y llevado debate sobre el derecho de autodeterminación tiene su origen en la aceptación o no de un pueblo que tuviera raíces históricas, lingüísticas y culturales (hasta raciales añadirían otros). Es obvio que cuanto más tiempo pase, esas raíces se irán alejando más, e irán apareciendo rasgos cada vez más mestizos, tal como es la sociedad actual. Y seguramente será difícil, por no decir imposible, llegar a un acuerdo sobre si existe o no ese derecho originario como pueblo. Pero, exista o no ese derecho originario, ¿qué impedimento podría haber para que una parte de la población quisiera organizarse de otra manera, darse unas estructuras concretas, como cuando una parte de un municipio quiere segregarse de otra más amplia?

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