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Roldán Jimeno (Profesor de la UPNA): Un acuerdo frente al hastío y al hartazgo

19-12-2006

La opinión de Roldán Jimeno sobre el acuerdo
Pasan las horas de hastío
por la estancia familiar
el amplio cuarto sombrío
donde yo empecé a soñar.
Del reloj arrinconado,
que en la penumbra clarea,
el tictac acompasado
odiosamente golpea.
Dice la monotonía
del agua clara al caer:
un día es como otro día;
hoy es lo mismo que ayer.
Cae la tarde. El viento agita
el parque mustio y dorado...
¡Qué largamente ha llorado
toda la fronda marchita!
 

Antonio Machado


Pasan las horas, los días, las semanas, los meses... Un camino largo duro y difícil, se nos recuerda, una y otra vez, por parte del presidente Zapatero. Demasiado largo, demasiado duro, demasiado difícil. Tan largo, tan duro, tan difícil, que parece zozobrar en una galerna incontrolable. El acuerdo, esa llave mágica que tiene que abrir las múltiples puertas de Madrid y las encriptadas puertas de ETA. El acuerdo, esa vía que se antoja autopista de peaje reducido para la CAV e infranqueable puesto aduanero en la Navarra caciquil y oligarca forjada en torno a la producción del hormigón y del ladrillo, esa Navarra que no necesita de material de obra para obrar un inmenso muro imaginario entre la Comunidad Foral y el resto de Euskal Herria. El acuerdo, esa ensoñación que algunas fuerzas vivas de la derecha española pretenden dinamitar para seguir manteniendo su razón de ser, y que algunas otras fuerzas, también muy vivas -en este caso de la izquierda abertzale-, lo miran con recelo si no es a cambio de la obtención de máximos.

Todos los días, a todas horas, sin tregua, se nos habla de la tregua. Que si no hay voluntad de unos, que si son los otros quienes carecen de voluntad, que si unos y otros son más malos que Caín, que nos venden España, Navarra, Euskadi, que nos venden hasta su alma. La palabra acuerdo se prostituye, se vacía de contenido, se ve desprovista de su significado más bello: alcanzar la paz y el entendimiento entre todos los vascos, entre los vascos y los españoles, entre los navarros que no se sienten vascos y los navarros que, por serlo, nos sentimos el corazón de Vasconia. Paz, democracia... sufrimiento, dolor, víctimas de uno y otro lado... son tantos los mensajes con los que se nos bombardea a diario que la gente ajena al conflicto -la inmensa mayoría de la sociedad-, discurre entre el hastío y el hartazgo. Los discursos políticos aburren a base de repetir como sonsonete cansino no una melodía ilusionante, sino una misma karraka que, a base de martillear, acaba hartando y marchitando ilusiones y anhelos. ¡Qué dolor que, después de tanto sufrimiento, buena parte de la sociedad mire a las víctimas de ETA desde la indiferencia e, incluso, el rechazo!, ¡qué dolor que, después de sufrir una política penitenciaria y judicial basada en la venganza y contraria a los principios más básicos de la penalística occidental, las justas reivindicaciones de acercamientos de presos o la huelga de hambre de De Juana Chaos sean miradas por otra buena parte de la sociedad desde la misma indiferencia, cuando no desde el rechazo más visceral!, Y qué paradójico, buena parte de la sociedad actúa con la misma indiferencia hacia unos y hacia otros. Ser indiferentes hacia el dolor nos avoca a precipitarnos en el hastío. Y aquí estamos, en el acuerdo, toda una partida de ajedrez donde, desde fuera, poco parece que podamos hacer, sino sentarnos y mirar, esperar, aguantar, seguir en el hastío hasta que logren dar con una fórmula que satisfaga a tiros y troyanos.

¿Pero si del hastío pasamos al hartazgo? La crispación política genera un hartazgo sin precedentes, la gente está harta de los políticos, pero también de ETA, de una ETA que hace ya tiempo que en su envase rezaba una fecha de caducidad de unos anhelos cada vez más lejanos en una sociedad cada vez más vertiginosa y global en la que se tambalean los cimientos del Estado-nación. Suele decirse que el hartazgo es una suerte de estadio superior del cansancio, afín ya a la rebelión y al repudio, pero también a la búsqueda personal o social de nuevos horizontes. Estamos en fechas en que se habla de la crisis del proceso, de que puede haber una marcha atrás, fechas de incertidumbre, de zozobra, de hartazgo. Hartos de que esa partida de ajedrez no tenga fin. Jaque y mate. Se acabó. Punto y final. Eso es lo que quiere la sociedad, un nuevo horizonte. Para llegar a ello se requiere trabajar en silencio, nada de propaganda ruidosa, de foto fácil ni de abrir telediarios con frases grandilocuentes o amenazas bíblicas. Que Zapatero tenga valor, haga concesiones, que tengamos una Batasuna legalizada, un acercamiento de presos y a De Juana Chaos en la calle, aunque haya cometido las mayores atrocidades -la ley ha de aplicarse a todos por igual-. Que ETA muestre signos de humanidad y abandone para siempre la extorsión y el derramamiento de sangre. Un horizonte en paz. Y si en lugar de paz, nos sale pez, Gobierno y ETA nos harán tragar más de una espina... a lo que sumaremos los sapos y culebras que tendremos que ingerir por parte del PP y su órbita. Clemencia, por favor, y que haya acuerdo. La sociedad lo necesita.

 
Roldán Jimeno Aranguren

Nafarroako Unibertsitate Publikoa

Zuzenbidearen Historiako arloa

Zuzenbide Publikoko Saila

 


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