Mañana viernes, a las 0 horas, dará comienzo la campaña de las próximas Elecciones Generales, que estarán marcadas por dos hechos fundamentales: 1) serán las primeras que se celebren tras la ruptura oficial del alto el fuego de ETA y 2) nuevamente han sido ilegalizadas las candidaturas de la Izquierda Abertzale y han sido detenidos sus principales dirigentes.
La celebración de unas elecciones constituye el ejercicio práctico de la soberanía popular. Es el momento en el que los ciudadanos tienen la capacidad de elegir a sus representantes en las instituciones. Por tanto, este ejercicio democrático tiene que darse en un contexto de igualdad de oportunidades para participar, tanto para ejercer el derecho a voto como para tener la capacidad de ser elegido. La violencia de ETA y los procesos de ilegalización y exclusión condicionan, dificultan, recortan y vulneran el Derecho al sufragio activo y al sufragio pasivo, que son fundamentales en todo estado democrático y de derecho.
Es inadmisible que estas Elecciones vuelvan a celebrarse en un contexto de violencia y exclusión. El hartazgo que genera este tipo de situaciones es inmenso. Unas elecciones en pleno siglo XXI deben asentarse en el respeto a los Derechos Humanos y libertades democráticas básicas, sin excepciones ni miradas interesadas y parciales. El protagonismo en unas elecciones debe corresponder a la democracia y al conjunto de la ciudadanía, no a los atentados de ETA o las ilegalizaciones promovidas por el Gobierno y los órganos judiciales.
Estas elecciones tienen que ser las últimas que se celebren en estas circunstancias. Ni una más así. Cada uno debe ser responsable de sus actos y dar los pasos para que en las próximas estén garantizados todos los Derechos y Libertades. Esta exigencia, compartida por una mayoría de la sociedad vasca, se resume en la idea de que queremos acudir a votar con un proceso de paz y normalización en marcha, y si es con un acuerdo y el fin de la violencia, todavía mejor.
Precisamente la clave está en el futuro. Durante esta campaña electoral la sociedad vasca tiene la necesidad de conocer de manera clara cuál será la apuesta: si poner las condiciones para que un proceso de paz sea posible o si se mantendrán las estrategias que nos mantienen en un pasado de sufrimiento, bloqueo y exclusión. Sin restar la importancia que merecen estas elecciones, lo importante es definir el camino que a partir del 10 de marzo nos debe conducir hacia la paz y la normalización.
21 de febrero de 2008