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Alberto Surio (Kazetaria): Un nuevo pacto

2006-12-26

Alberto Surioren iritzia akordioari buruz
Vivimos tiempos extraños en Euskadi, en donde el pesimimo se hace cada vez más presente y la incertidumbre se ha convertido en una pesada losa para el futuro. A pesar de todo, a pesar de los agoreros y de los catastrofistas, no nos resignamos a que esto fracase una vez más y a que de una vez logremos la paz y la normalización democrática. El acuerdo es posible y es necesario. Es conveniente para garantizar un modelo de convivencia y unas nuevas reglas de juego que ensanchen en consenso mínimo jurídico-político. Es bueno para posibilitar un escenario democrático en el que todas las sensibilidades políticas se sientan más o menos cómodas, para que las diferentes tradiciones culturales del país confluyan en un marco integrador, que sepa aglutinar voluntades y de que deje atrás y cicatrice la vieja herida de la discordia civil. Un nuevo acuerdo entre vascos y un posterior acuerdo con el Estado en sintonía con el modelo pactista característico de nuestra historia. Es ya momento que lo logremos. No tiene ningún sentido que no pongamos de una vez por todas el reloj a la misma hora que nuestro entorno europeo.
 
Para que el acuerdo sea posible hay que asumir de verdad un profundo cambio de mentalidad y aceptar la complejidad de la sociedad vasca. Las sociedades modernas son complejas por naturaleza. La democracia nos permite arbitrar unas reglas de convivencia con las que administrar esos conflictos consustanciales a las sociedades maduras, en donde se libran intereses diferentes y muchas veces contradictorios. No se trata tanto de inventar soluciones mágicas y milagrosas para resolver atávicos problemas sino articular estrategias inteligentes que permitan desactivar los mismos o cuando menos tratarlos y encauzarlos de forma racional y democrática.

El acuerdo político será posible si desaparece por completo el lastre de la violencia y si se renuncia por parte de todos al empleo de la misma para obtener objetivos políticos. Hay que deslegitimar ideológicamente el recurso a las armas, entre otras cosas, para tener presentes siempre a las víctimas de la violencia, que merecen respeto, reconocimiento, memoria y justicia. El terrorismo no sólo es ya un trágico anacronismo, es que está social y políticamente agotado. Como la violencia callejera o cualquier fórmula de coacción o intimidación. Mientras no se asuma de verdad este principio democrático el nuevo acuerdo político no será posible. Sólo desde la democracia es factible ensanchar el consenso vasco, al margen de cualquier imposición totalitaria o de una visión autoritaria.

En este contexto, el Gobierno puede facilitar un clima de distensión con medidas claras en política penitenciaria. El acercamiento de los presos a las cárceles del País Vasco, las excarcelaciones de los reclusos enfermos o de los que han cumplido tres cuartas partes de la condena son iniciativas humanitarias que contribuirían de forma decisiva a reducir presión en el ambiente. También sería conveniente que los movimientos de la Justicia fueran interpretados a la luz de la realidad social para evitar agravios comparativos y superar una dinámica en la que a veces se ha confundido de forma interesada y similista el acoso legal a ETA con determinadas imputaciones basadas más en consideraciones ideológicas a un determinado entramado social o cultural radical que en pruebas sólidas individualizadas.


El nuevo acuerdo político debe reconocer el profundo pluralismo de la sociedad vasca. Pluralismo político, ideológico, identitario, cultural. Y debe asumir un elemental principio de realidad, saber que no partimos de cero, que no se puede hacer tabla rasa del pasado, que vivimos en una realidad juridico-política, que tenemos un asentado marco de autogobierno y unas instituciones representativas. Que disponemos de un Estatuto de Autonomía y de una Constitución, que fueron en su día el reflejo de una determinada relación de fuerzas y que establecen un terreno de juego que cuenta con sus mecanismos de reforma para actualizar, revisar o cambiar sus contenidos.

El nuevo acuerdo político debe ser transversal y unir las dos grandes sensibilidades del país, la nacionalista vasca y la no nacionalista. Este eje ofrecería estabilidad al país. Se trata de dar una nueva mirada hacia el futuro, alejada de los trasnochados esencialismos del pasado y de ciertas obsesiones simbólicas. Lo local y lo global cohabitan en un mundo en el que las nuevas generaciones están mucho más cerca de las identidades compartidas que de las guerras banderizas. Sobre todo cuando los valores están cambiando vertiginosamente. Pero para ello hay que trabajar también la pedagogía de la diversidad y del respeto. El fanatismo y el odio enquistados en Euskadi han crecido al calor de la incomprensión.

El nuevo acuerdo político debe reconocer que todos los proyectos politicos deben poder defenderse y materializarse si son democráticos y vienen avalados por mayorías. Lo deseable es que esas mayorías sean lo más amplias posibles. La izquierda abertzale debe y tiene que participar en el juego democrático. La Ley de Partidos tendrá que ofrecer garantías a Batasuna en ese sentido, incluso mediante cambios en su articulado, si la izquierda abertzale decide concurrir a las próximas elecciones municipales y forales con una nueva marca electoral.

El nuevo acuerdo debe buscar un pacto integrador sobre el respeto a la capacidad de decisión de los ciudadanos de la Comunidad Autónoma Vasca y de Navarra y sobre la actualización de los derechos históricos reconocidos en la Constitución, en el Estatuto de Autonomía de Gernika y en la Ley de Amejoramiento del Fuero. Euskal Herria es una real dad cultural y lingüística y sólo podrá madurar políticamente como una entidad de siete territorios si en su día la libre voluntad respectiva de la ciudadanía de los mismos, avanza en esa dirección desde el respeto a la democracia y a las mayorías sociales en sus respectivos ámbitos de decisión. Los convenios o acuerdos de cooperación entre ambas comunidades representan una vía natural de acercamiento factible. Los territorios no pueden ponerse por delante de los derechos de l@s ciudadan@s.


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