Las declaraciones de quienes aparecen como actores y protagonistas y los comentarios de los medios de comunicación vienen a transmitir la idea de que la resolución de las dificultades y obstáculos corresponde a expertos y políticos cualificados. La ciudadanía asiste expectante, en el mejor de los casos, ante un debate en el que no encuentra un espacio donde intervenir y, por supuesto, donde no se le invita a participar. No se puede negar la necesidad de la discreción y de otorgar un especial papel a los partidos políticos y gobierno en estos momentos de contactos preparatorios. Pero desde el principio hay que trabajar por dejar claro que ningún acuerdo realmente válido puede nunca venir sólo de arriba. Más aún, los contenidos de ese acuerdo tendrán una plasmación bien distinta según sea la actitud de la sociedad. Un acuerdo elaborado en las alturas puede ser objeto de una bonita fotografía, pero sólo será real si lleva detrás la fuerza de muchas personas que lo apoyen y lo mantengan vivo. Tan importante como el resultado es el proceso que se ha seguido para alcanzarlo. Dicho de otra manera, el acuerdo necesario no consiste solamente en negociar determinados puntos, sino en cambiar actitudes que hagan posible que esos contenidos se plasmen en nuevas realidades de enfrentar nuestras diferencias. Pasar del enfrentamiento a la cooperación, de la incomprensión a entender el punto de vista ajeno es el gran reto de este proceso. Para llegar a ese punto de ruptura de barreras se necesita que se den cambios reales en nuestra sociedad y éstos no se pueden dar sin que se muevan las personas y las instituciones.
Estamos a tiempo de evitar que amplios sectores se desenganchen y con ello se debilite el alcance real de cualquier acuerdo. Tenemos el reto de estimular la participación individual y colectiva, no sólo llamarla para que refrende o escuche lo que los dirigentes del proceso hayan decidido, sino para que sea un ingrediente real del proceso. No es fácil imaginar las expresiones y contenidos en que esa participación debe plasmarse. Pero hay que abrir los espacios y ofrecer los estímulos para que se produzca. Por eso creo en Lokarri como una plataforma que puede jugar un papel importante. Y confío que salgan muchas lokarris distintas.