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Mari Carmen Gallastegui (EHUko Ekonomia katedraduna)

2006-12-29

Mari Carmen Gallasteguiren iritzia akordioari buruz
No hay duda de que, en general, es más fácil vivir en una sociedad en la que hay acuerdos y consensos mínimos acerca de cuales son las reglas del juego, acerca de qué derechos y deberes tienen los ciudadanos, cuales son las instituciones relevantes, qué obligaciones deben tener estas instituciones, cómo deben ser diseñadas, qué tipo de actuaciones pueden y deben llegar a poner en práctica.......que en sociedades, como la nuestra, donde estos acuerdos mínimos no existen o se han quebrado.

Cuando los consensos mínimos ni siquiera cubren aspectos tan básicos como el derecho a usar la violencia indiscriminada por el simple hecho de pensar distinto, el derecho a que todo el mundo exponga su opinión acerca de cómo resolver los problemas, el derecho a que todo el mundo tenga garantizado sus derechos civiles (como mínimo) no es que el acuerdo sea conveniente sino que es imprescindible.

Vivir en una sociedad donde este acuerdo de mínimos no funciona como un contrato en firme implica pérdidas para todos, muerte, cárcel, dolor, víctimas, destrucción de la calidad de vida, pérdida de recursos humanos, pérdida de recursos económicos, fuga de personas hacia otras áreas donde el acuerdo se hace más visible....en resumen, un empeoramiento para todos en términos personales, sociales, económicos, etc.

Tratar de salir de una situación con características como las enumeradas en la sección precedente tiene que constituir un objetivo prioritario. No sólo es deseable, es imprescindible para conseguir aumentos en el bienestar de todos los agentes que integran la sociedad.

Ayuda, por tanto, al logro del acuerdo, el hecho de que el punto de partida, el status quo, sea tal que la obtención de mejoras sea evidente para, prácticamente, todo el mundo y para todos los grupos sociales y políticos, aunque, obviamente, se produzcan asimetrías. Las ganancias que se obtendrían de pasar de una situación de conflicto a una de acuerdo no necesariamente estarán igualmente distribuidas (algo que hay que tener en cuenta a la hora de trabajar los acuerdos).

El acuerdo tiene que garantizar que la sociedad en conjunto gane pero esto no es suficiente. Si la sociedad en conjunto gana pero hay grupos que se sienten perdedores el acuerdo no será estable; habrá incentivos a romperlo incluso aunque, parezca firme en principio.

Se precisa, por tanto, llegar a un acuerdo con garantías de estabilidad y para ello debe ser aceptado por todos los agentes relevantes (grupos políticos) aunque, insisto, no todos podrán ganar lo mismo al moverse de una situación, la actual, claramente mejorable, a otra mejor/igual para todos y cada uno.

Para llegar a un acuerdo en el que todos podamos mejorar o, como mínimo, mantenernos igual, es imprescindible que todos los grupos representativos de la sociedad, puedan participar en el mismo, aportando sus ideas, propuestas, negociando y comprometiéndose. Nadie puede ser excluido por mucho que legalmente este derecho no les corresponda inicialmente. Pero siendo éste el caso, los "ilegales" tienen que poner de su parte garantías de que si entran en la fase de negociar acuerdos existe un compromiso firme de que van a cumplirlos. El peso inicial del compromiso recae en ellos porque, aunque pueda ser cierto que hay otros grupos que han podido romper acuerdos previos, o firmar consensos mayoritarios pero no unánimes, y que, por tanto, también tendrán que garantizar que cumplirán sus compromisos, son los de ETA los que han utilizado, durante mucho tiempo, el arma de la violencia y han estado, por tanto, fuera del marco de las relaciones políticas y lo que es peor, humanas. Se han comportado y si no lo ven, mejor que primero alcancen a visualizar claramente su comportamiento, no como seres humanos sino como seres sin conciencia, sin sentimientos, sin sensatez, sin sabiduría y con muchas dosis de una crueldad inmensa.

El logro de acuerdos exige buscar "salidas" a posturas encontradas. Somos distintos, opinamos distinto, deseamos distintas cosas pero partimos de un punto crucial sin el cual el acuerdo será imposible: queremos vivir juntos y en armonía. Siendo esto así precisamos buscar "un paraguas común" que a todos nos proteja y nos dé seguridad; que garantice que podemos llevar una vida personal, social, política, en libertad, sin amenazas, sin imposiciones arbitrarias y en la que se derive un criterio de "equidad" o "justicia" compartido, claro y contundente.

El acuerdo debe constituir una "victoria" para todos porque a todos permitirá tener una estructura institucional en la que guarecerse para poder desarrollar su papel de personas, con derechos y deberes, integrados en una sociedad compleja.
Los que no quieran vivir juntos y en armonía serán elementos que dificulten los acuerdos, lo mismo que los que quieran conseguir todos sus objetivos desde el principio o los que vivan el proceso de acuerdo con la sensación de que van a salir perjudicados.

En el caso concreto que nos ocupa, me parece indudable que en Euskadi, aún siendo necesario que se satisfagan muchas condiciones, algunas de las cuales reclama Batasuna, la primera, y son los de ETA los que deben cumplirla, es la de dejar constancia fehaciente de que no se volverá a usar la violencia como instrumento de actuación. Creo que aunque esto ya se ha dicho hasta la saciedad ETA todavía no acaba de zanjar este asunto con claridad.
Desde el punto de vista de los que estamos fuera de los partidos y de las partes negociadoras se ve con relativa claridad algo que ni ETA ni Batasuna parecen querer reconocer de facto. O quizá sí lo reconozcan, pero sólo privadamente. La violencia no podrá volver a ser ejercida porque esta sociedad y el contexto en el que vivimos no lo tolerarían. Podemos tardar más o menos en llegar al final del proceso pero éste, con sus vaivenes, llegará a un desenlace y el/los que se queden fuera serán los que más pierdan.
No estaría de más que pudiéramos ponernos todos en una situación de "velo de ignorancia", en una situación en la que no sepamos donde se situarán nuestros hijos y nuestros nietos, que son los que nos preocupan más incluso que nosotros mismos. Si no sabemos si nuestros hijos o nietos van a ser nacionalistas, independentistas, constitucionalistas, vascos, gente con pasaporte de otros Estados del mundo pero que se consideran vascos, o simplemente no van a considerar las cuestiones de identidad con el mismo ardor con el que nosotros las sentimos ¿por qué no somos capaces de firmar un acuerdo en el que todos los participantes en el mismo se sientan seguros de que, sean lo que sean sus descendientes, piensen lo que piensen, podrán vivir en paz en Euskadi y con garantías de que la igualdad de oportunidades será la regla dominante?.
Dicho esto, creo que mis ideas están basadas en algunos principios básicos que considero fundamentales.

  1. La eliminación de la violencia como instrumento de actuación
  2. El respeto a los derechos y opiniones del resto de los ciudadanos
  3. La pervivencia de un activo de incalculable valor "el euskera"
  4. La defensa de las ideas políticas, (independencia o autodeterminación, territorialidad) a través de medios pacíficos
  5. La defensa y apoyo de las reglas democrática
  6. El respeto a las minorías

El primer elemento es crucial porque es el que está condicionando el comienzo del proceso. Una de las partes parece tener el temor de que si pierden ese "as", si renuncian voluntariamente a ese instrumento, estarán en inferioridad de condiciones. Sin embargo eso no tiene porque ser necesariamente cierto y, aunque lo fuera, no tienen más remedio que aceptar que, sin ese requisito, será imposible avanzar.

También hay, el PP me parece un ejemplo paradigmático, quien se atrinchera en la posición contraria tomando en su mano el "as" de "no vamos a hacer nada que posibilite la paz si esto implica que el mérito de haberlo logrado vaya a recaer sobre nuestros oponentes políticos". La paz debería ser vista como un "bien público", que lo es, y el mérito de conseguirla debería ser compartido por todos los agentes. La cooperación es imprescindible para lograrla y debe ser patrimonio de todos. Debería firmarse un contrato previo en el que se estableciera que cuando ésta se logre, sea quien sean los partidos que estén en el poder en el momento de lograrse, nunca lo utilizaran como un activo propio. Es un activo logrado por y para todos los vascos y, por y para todos, los españoles.


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